viernes, 5 de agosto de 2016

Yo quería ser mayor (Roque Narvaja)


Era la primavera del verso pálido 
de mis años de promesas y desengaños, 
cuando comprendí que había llegado 
el momento de alejarme de mi pasado. 
Un domingo de abril tomé coraje 
y me marché dejando mi mejor traje, 
a verme con la vida cara a cara, 
a conocer el mundo de madrugada. 

Yo queria ser mayor, 
queria ser mayor . 

Yo queria ser un hombre habilitado 
yo queria ser mayor 
y no ser un niño malhumorado 
yo queria ser mayor. 

La gente me ha enseñado a ser discreto, 
sereno, complaciente, equilibrado... 
A cambio de mis sueños me han dejado 
un sitio para el vicio y el pecado. 

Yo queria ser mayor, 
queria ser mayor . 
Yo queria ser un hombre habilitado 
yo queria ser mayor 
y no ser un niño malhumorado 
Yo queria ser mayor. 
Ya no quiero ser mayor 
no quiero ser mayor 
No quiero ser un hombre domesticado. 

Ya no quiero ser mayor 
No quiero ser mayor 
Prefiero ser un niño enamorado





LA DANZA DEL ADIOS


Esta tarde refleja la nostalgia, en la sonrisa del cielo,
esta tarde hay claridad, en lo espeso de la jungla,
esta tarde la lluvia mojó el cráter de mis sentimientos
no sé si en realidad todo esto esté pasando, no lo sé.

Parase un cuento que el tiempo ponga justicia al final
y que el calendario solo es un pequeño espacio
en la ruta larga de la felicidad e infelicidad,
mientras los recuerdos tercos como siempre no se van

Tal vez pueda ser tarde para escribirte un cuento,
solo sé que la caída aún no al culminado,
que las penas en la roca y en el acero perforan
y que tus canciones son himnos que torturan
pero también es vínculo de las añoranzas.

Yo no sé si realmente debería estar contento
y naufragando en el lago mis lágrimas de dolor
pero tus pasos y tu mira no volverán
y la danza no será la misma en el jardín.

Esta tarde lloré, esta tarde reí, esta tarde amé y odié
esta tarde nació mi soledad porque enterré a papá
 (RJLR)

(Escrita en el año 2003)

jueves, 4 de agosto de 2016

EL “COMANDANTE CHUCO”


Una mañana, descubrí un nuevo personaje en las terribles mazmorras.
—¡Es el «Comandante Chuco»! —exclamó Joel.
Se trataba de un muchacho de veintitantos años, vestido con un gran saco marrón que lucía dorados galones en las hombreras, llevaba un raído pantalón azul y grandes botas de soldado, vendía cigarros y dormía en la celda de los comunes. Los políticos comentaban que el «Comandante Chuco» era un acusado de terrorismo, que llevaba en prisión más de cuatro años y que los siquiatras lo habían declarado loco, por eso lo mantenían separado de nosotros; también me enteré que el «Comandante Chuco» había sido uno de los más brillantes alumnos de la Universidad Nacional de Ingeniería, detenido en 1988 y enviado a prisión en aquellas épocas en que las cárceles eran centros de adoctrinamiento senderista y que el muchacho vivía desesperado porque su familia, que era muy pobre, lo había abandonado y no tenía noticias sobre su juzgamiento. Entonces el director del penal sedujo al muchacho para que se convirtiera en soplón y con regalos y promesas de pronta liberación, el compadre vendió su alma al diablo
y se convirtió en confidente de la policía.
Luego de un tiempo, los senderistas descubrieron las actividades de soplonaje del estudiante y lo expulsaron del pabellón rojo. El muchacho quedó solo y abandonado en medio de los delincuentes. Los forajidos se enteraron que los terroristas lo habían arrojado de sus predios por soplón.
Estaba totalmente solo el asustado estudiante, uno de los «caciques» le echó el ojo y se lo llevó a su celda para convertirlo en su mujer. Cuchillo al cuello, fue violado el infeliz, luego lo traficaron por todo el penal. Así vivió un largo tiempo entre los hampones como «prostituta».
A consecuencia del violento impacto sicológico y las enfermedades venéreas contraídas en sus aberrantes contactos sexuales, el desventurado muchacho cayó en un estado de shock permanente que le hizo perder la razón, hasta que una caritativa asistenta social se encargó de tramitar su tratamiento en el hospital siquiátrico Larco Herrera.
Luego lo trasladaron a la carceleta donde se encontraba ya varios meses, su expediente seguía durmiendo por la falta de un abogado.
Aún quedaba en él algo del antiguo estudiante, siempre caminaba con un sucio folder bajo el brazo y todo el día estaba atareado con sus operaciones matemáticas, aunque siempre terminaba equivocándose. Estaba muy preocupado el «Comandante Chuco» y buscaba a través de todas las celdas a un personaje influyente para que le consiguiera una beca en el extranjero. Era un loco pacífico el rocambolesco personaje, siempre se le veía caminando por el patio o parado tras las rejas de su celda, esperando al encumbrado personaje que lo enviaría a proseguir sus estudios en Europa. Sus pasos eran lentos y una espesa niebla en su mirada conmovían profundamente.
—¡Usted puede conseguirme una beca en Rusia para el programa de Ingeniería Electrónica? —me dijo una tarde el muchacho con voz suplicante.
Ananías, los mellizos Venancio y Bolero


(Del Libro: Las Cárceles del Emperador. Autor: Jorge Espinoza Sánchez)

PARA QUE LO DEJASTE


-Detente.  ¡Por favor para!
Miradas.
Silencio.
Y de pronto, se baja,  se recuesta a su costado.
- ¿Me amas?
- ¿Cómo? No entiendo tu pregunta
-Es simple. ¿Quiero saber si me amas?
Silencio y más silencio.
- ¿Crees que estaría aquí sino te amara?
-No lo sé
Entonces ella se paró, se vistió y salió.
En la Plaza de Chivay, se preguntaba en que maldita hora dejó a su novio.
Él se quedó en el cuarto del hotelito, diciéndose
-Yo solo quería saber si me amas 

martes, 2 de agosto de 2016

YA PASÓ… PERO LLEGÓ


Hoy en el océano de los recuerdos, despiertan las ternuras,
un lamento, una lagrima que me enseñan que es la vida.
Hoy en este mundo de vientos de sueños que viene y se van
Les extraño, les recuerdo y les lloro.

Cierro las ventanas de mi alma y en mi mente surge el paisaje,
mi sonrisa, tu mira, su llanto, es la vida. Sí, es mi camino
para que voltear si en el horizonte de mi sendero está la vida.
Les extraño, les recuerdo y les lloro.

Y como dice el cantautor, el tiempo pasa y comprendo que es la vida.
No quiero que cambie este sentimiento, no quiero recordar nada.
Pero me invade la tristeza llamada nostalgia que es parte de mi vida,
hay que despertar, lo vivido no volverá, es parte de la vida, pero hoy
Les extraño, les recuerdo y les lloro.


(23.30 horas. 2-agosto-2016)

domingo, 19 de junio de 2016

En el nombre del padre (Soy hijo de Pablo Escobar)


Pasaron más de veinte años de silencio mientras recomponía mi vida en el exilio. Para cada cosa hay un tiempo y este libro, al igual que su autor, necesitaban un proceso de maduración, autocrítica y humildad. Solo así estaría listo para sentarme a escribir historias que aún hoy para la sociedad colombiana siguen siendo un interrogante.
Colombia también ha madurado para escuchar y por eso consideré que era hora de compartir con los lectores mi vida al lado del hombre que fue mi padre, a quien amé incondicionalmente y con quien por imperio del destino compartí momentos que marcaron una parte de la historia de Colombia.
Desde el día en que nací hasta el día de su muerte, mi padre fue mi amigo, guía, maestro y consejero de bien. En vida, alguna vez le pedí que escribiera su verdadera historia, pero no estuvo de acuerdo: “Grégory, la historia hay que terminar de hacerla para poder escribirla”.
Juré vengar la muerte de mi padre, pero rompí la promesa diez minutos después. Todos tenemos derecho a cambiar y desde hace más de dos décadas vivo inmerso en reglas claras de tolerancia, convivencia pacífica, diálogo, perdón, justicia y reconciliación.
Este no es un libro de reproches; es un libro que plantea profundas reflexiones sobre cómo está diseñada nuestra patria y sus políticas, y por qué surgen de sus entrañas personajes como mi padre.
Soy respetuoso de la vida y desde ese lugar escribí este libro; desde una perspectiva diferente y única en la que no tengo agenda oculta, contrario a la mayoría de los textos que circulan sobre mi papá.
Este libro no es tampoco la verdad absoluta. Es un ejercicio de búsqueda y una aproximación a la vida de mi padre. Es una investigación personal e íntima. Es el redescubrimiento de un hombre con todas sus virtudes pero también con todos sus defectos. La mayor parte de estas anécdotas me las contó en las frías y largas noches del último año de su vida, alrededor de fogatas; otras me las dejó escritas cuando sus enemigos estaban muy cerca de aniquilarnos a todos.
Este acercamiento a la historia de mi padre me llevó a personajes ocultos por años, que solo ahora estuvieron dispuestos a contribuir con este libro, para que mi juicio y el de la editorial no estuvieran nublados. Pero sobre todo para que nadie, nunca más, herede estos odios.
No siempre estuve al lado de mi padre, no me sé todas sus historias. Miente quien diga que las conoce en su totalidad. Me enteré de todas las memorias que contiene este libro, mucho tiempo después de que sucedieron los hechos. Mi padre jamás consultó ninguna de sus decisiones conmigo, ni con nadie; era un hombre que sentenciaba por su propia cuenta.
Muchas ‘verdades’ de mi padre se saben a medias, o ni siquiera se conocen. Por eso contar su historia implicó muchos riesgos porque debía ser narrada con un enorme sentido de responsabilidad, porque lamentablemente mucho de lo que se ha dicho pareciera encajar a la perfección. Estoy seguro de que el filtro de acero que puso Planeta con el editor Edgar Téllez contribuyó al buen suceso de este proyecto.
Esta es una exploración personal y profunda de las entrañas de un ser humano que además de ser mi padre lideró una organización mafiosa como no la conocía la humanidad.
Pido perdón públicamente a todas las víctimas de mi padre, sin excepciones; me duele en el alma profundamente que hayan sufrido los embates de una violencia indiscriminada y sin par en la que cayeron muchos inocentes. A todas esas almas les digo que hoy busco honrar la memoria de cada una de ellas, desde el fondo de la mía. Este libro estará escrito con lágrimas, pero sin rencores. Sin ánimos de denuncia, ni revanchismos y sin excusas para promover la violencia ni mucho menos para hacer apología del delito.
El lector se sorprenderá con el contenido de los primeros capítulos del libro porque revelo por primera vez el profundo conflicto que hemos vivido con mis parientes paternos. Son veintiún años de de-sencuentros que me han llevado a concluir que en el desenlace final que condujo a la muerte de mi padre varios de ellos contribuyeron activamente.
No me equivoco si digo que la familia de mi padre nos ha perseguido más que sus peores enemigos. Mis actos hacia ellos tuvieron siempre su origen en el amor y en el respeto absoluto por los valores familiares, que no debieron perderse ni en la peor de las guerras y menos por dinero. Dios y mi padre saben, que yo más que nadie soñé y quise creer que esta dolorosa tragedia familiar, fuese solo una pesadilla y no una realidad a la que me tuviera que enfrentar.
A mi padre le agradezco su cruda sinceridad, aquella que por la fuerza del destino me tocó comprender pero sobre todo sin justificarlo en absoluto.
Ante mi pedido de perdón en el documental “Pecados de mi Padre”, alguna vez los hijos de los líderes asesinados Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara Bonilla me dijeron: “Usted también es una víctima” y mi respuesta sigue siendo la misma desde entonces: si acaso lo soy, seré el último en la larga lista de Colombianos.
Mi padre fue un hombre responsable por su destino, de sus actos, de sus elecciones de vida como papá, como individuo y —a su vez— como el bandido que le causó a Colombia y al mundo, unas heridas que no pierden vigencia. Sueño que algún día cicatricen y puedan transformarse para bien, para que nadie ose repetir esta historia, pero sí aprender de ella.
No soy un hijo que creció siendo ciegamente fiel a su padre, pues en vida le cuestioné duramente su violencia y sus métodos, y le pedí de todas las maneras posibles que abandonara sus odios, que depusiera sus armas, que encontrara soluciones no violentas a sus problemas.
En el universo de opiniones que hay en torno a la vida de mi padre, en una sola coincidimos todos: En su amor incondicional por esta, su única familia.
Soy un ser humano que espera ser recordado por sus actos y no por los de su padre. Invito al lector a que no me olvide durante el paso por mis relatos, ni me confunda con mi padre, porque esta es también mi historia.

Juan Pablo Escobar
(DEL LIBRO: Pablo Escobar  mi padre. Autor: Juan Pablo Escobar)

viernes, 17 de junio de 2016

PROFESOR JIRAFALES


La Chilindrina dice que el  Profesor  Jirafales  está enamorado de Doña Florinda, y que por  eso, cuando está enfrente de ella, al profesor se le ponen los ojos como de buey  enfermo. Y dice que Doña Florinda también está enamorada del Profesor Jirafales. Que a ella también se le nota mucho, porque se ríe como idiota cada vez que el profesor llega a la vecindad; lo cual sucede casi todos los días.
Doña Florinda lo recibe diciendo siempre lo mismo: "¡Profesor  Jirafales!" Y el profesor también responde siempre lo mismo:

­­­­­ "¡Doña Florinda!" 
­­­­­­ ¡Qué milagro que viene por acá! ­dice ella.
­­­­­  Vine a traerle este humilde obsequio –dice él, dándole un ramo de flores que también parece ser siempre el mismo.
­­­­­ Están hermosas ­dice ella­o ¿No gusta pasar a tomar una tacita de café?
­­­­­¿No será mucha molestia?
­­­­­ No es ninguna; pase usted.
­­­­­ Después de usted.
Entonces los dos entran a la casa de Doña Florinda. Pero nadie sabe qué tanto hacen ahí dentro.


En la escuela me regañó el  profesor por  haberle dicho Maistro Longaniza en vez  de Profesor Jirafales. Pero lo que pasó fue que se me chispotió, pues todos se quedaron callados  cuando yo lo estaba diciendo. O sea que fue sin querer  queriendo. Y de todas maneras me dejó sin recreo. Es  que no me tienen paciencia. Pero luego, a la hora de la salida, entre todos  nos pusimos  a recordar  los diferentes apodos que le hemos  puesto al Profesor Jirafales, y hasta hicimos una lista que es la siguiente:
El Maistro Longaniza. 
El Ferrocarril Parado. El Tobogán de Saltillo. (Porque nació en Saltillo, dicen.)
La Riata de Jaripeo. El Tubo de Cañería. El Palo Ensebado. La Garrocha con Patas.
El Intestino Desenrollado. El Poste de Teléfono
El Espag;ueti Crudo. El Semáforo en Rojo. (Porque el rojo es "alto".)
La Columna de la Independencia. Y otros que no pudimos recordar. 

Pero el mejor de todos sigue siendo el Maistro Longaniza.

(DEL LIBRO: El  Diario de El Chavo del Ocho- Roberto Gómez Bolaños)