domingo, 13 de noviembre de 2016
sábado, 12 de noviembre de 2016
Resistire - Los Trece Baladas (Cover de Duo Dinamico)
Cuando pierda todas las partidas
Cuando duerma con la soledad
Cuando se me cierren las salidas
Y la noche no me deje en paz.
Cuando sienta miedo del silencio
Cuando cueste mantenerse en pié
Cuando se revelen los recuerdos
Y me pongan contra la pared.
Resistiré erguido frente a todo
Me volveré de hierro para endurecer la
piel
Y aunque los vientos de la vida soplen
fuerte
Soy como el junco que se dobla
pero siempre sigue en pié
Resistiré para seguir viviendo
Soportaré los golpes y jamás me
rendiré
Y aunque los sueños se me rompan en
pedazos
Resistiré, Resistiré
Cuando el mundo pierda toda magia
Cuando mi enemigo sea yo
Cuando me apuñale la nostalgia
Y no reconozca ni mi voz
Cuando me amenace la locura
Cuando en mi moneda salga cruz
Cuando el diablo pase la factura
o si alguna vez me faltas tú
martes, 1 de noviembre de 2016
Más allá del oficio y la pasión
Utilero y kinesiólogo del FBC Melgar tuvieron que caminar por 12 horas para llegar a Cuzco y atender a los jugadores “rojinegros”.
Por: Johan Chaucayanqui Gonzáles
Trabajan incansablemente para el desarrollo del FBC Melgar. Ahí en el mismo gramado y lejos del protagonismo colectivo, se encuentra el Área de Utilería y Kinesiología de los “rojinegros”. Hernán Ancco Quispe “Gokú”, y Paúl Velásquez Larico “Bubu”, hacen posible, día a día, que los jugadores presenten botines relucientes, camisetas limpias, así como el líquido hidratante para calmar la sed, al mismo tiempo que alivian dolores musculares de los melgarianos.
A las 6.30 de la mañana se inicia la labor diaria, desde muy temprano se alista el material deportivo para luego ser trasladado al campo de entrenamiento. Con la llegada del plantel, cuerpo técnico y bajo la mirada de algunos aficionados se proporciona la indumentaria limpia a cada jugador; una vez iniciadas las prácticas, siempre habrá un poquito de tiempo para vociferar unas cuantas bromas mientras se preparan las bolsitas con bebida rehidratante para los jugadores mistianos; estando atentos, siempre, a los jugadores golpeados en el terrenos de juego.
Ha concluido el entrenamiento para los jugadores, pero la actividad continúa en utilería; donde aún se deben orear los botines, echarles crema y pasarles brillo, quedando listos para el día siguiente.
AYUDA DEL ALTÍSIMO
Para “Goku” y “Bubu”, así como para el resto de la Institución es un día especial, cuando Melgar juega de local. “Particularmente me voy a misa a las 6 de la mañana, pidiendo por una bendición al Señor, para salir airosos en el partido”, cuanta Hernán Ancco Quispe.
Después, un desayuno a la ligera y luego a la concentración en el club. Prácticamente con la velocidad en la que corren los minutos no existe tiempo para pensar en el almuerzo, pues en seguida hay que trasladarse al estadio y dejar todo listo para la llegada del plantel de los jugadores.
Un poquito de ruda en los botines, para la buena suerte, y la indumentaria rojinegra se encuentra al 100% a la espera de los jugadores.
Después sólo queda esperar que los muchachos cumplan su papel como buenos futbolistas (como rara vez pasa) sobre el gramado de juego...
12 HORAS DE CAMINATA
Para el partido contra Cienciano, jugado el pasado 26 de octubre en Cuzco, el equipo se desplazó vía aérea, mientras que utilero y kinesiólogo salieron vía terrestre a las 8 de la noche rumbo a la “Ciudad Imperial”. Lo que no repararon Hernán y Paúl, fue en el bloqueo que realizaban los manifestantes cuzqueños, impidiendo el paso de todo tipo de vehículos a la altura del Puente de Salqa.
Frente a esta situación no había más alternativa que la de caminar hasta alcanzar el bus del otro lado y hacer el trasbordo, que según les habían indicado no estaba a más de una hora. “Son cosas de fuerza mayor, desde que estamos en el Melgar no habíamos tenido inconvenientes de esa naturaleza”, cuenta Hernán Ancco.
A las 3 de la madrugada, desde el sector de Aguas Calientes emprendieron la travesía a pie, hora tras hora buscando el ansiado bus que por fin los traslade hasta el Cuzco.
No pasó una, ni dos ni tres, ni cuatro ya, sino doce horas de caminata para hallar finalmente en el Distrito de Tinta, el bus de trasbordo que los llevaría a su destino.
“La caminata sirvió para hacer un poco de ejercicio, ponernos en forma; sino míralo a “Bubu”… ha bajado unos cuantos kilos. Lo importante es que llegamos tranquilos para cumplir con el trabajo; y el regreso felizmente fue con la delegación por avión”.
A pesar de lo agotador del percance, todo lo sucedido queda en la memoria, como una curiosa anécdota para el FBC Melgar, en la persona de los dos integrantes que muchas veces pasan desapercibidos por la labor que realizan.
Conociendo esta parte del sistema que hace funcionar al equipo melgariano, la próxima vez pensaremos que quizá aquél gol anotado por el “Checho” o esa atajada soberbia de Jorge Damián, se produjo con esa precisión y esa determinación; fijada también en la labor de estos muchachos que muchas veces en un estadio lleno, con la pasión pintada de rojo y negro, dijeron presente; mientras festejaban un gol, lamentaban una derrota, o simplemente preparaban el material para la comodidad del plantel.
(Publicado en Noviembre del 2008 en el Semanario Vistaprevia)
EL DESTIERRO DE UN LOCO NATURAL
La mañana a llegado, será mi último
día y
el sol me dice que tengo que partir,
tendré que dejar el planeta está
anotado
pero queda plasmado mi pasar por aquí
en estos mis “rollos” llamados ...
Los cristales de mis ojos están
nublados
es que soy vertebrado, un humano,
no es fácil decir hasta nunca
más cuando hay hombres buenos,
no hay remedio la vida sigue
además soy uno más que más da.
La ciudad no siente tu respirar
eres indiferente solo miras al frente,
pensando como sobrevivir en la jungla
esa niña te extiende sus manos y
la anciana busca cruzar, pero te da
igual
es que tú y yo somos simples mortales
que decimos “que jodido está el
mundo”.
En el templo te encontré rezando a
Dios,
toda tu tribu está en problema
pero en el verano Dios quedará a un
lado
y seguro estoy que lo festejaras
con un poco de trago y algo de cigarro.
Todos somos unos pendejos
hasta el día de nuestra muerte
pero ¿quién es más pendejo?
El usurero de la esquina
o mi amiga la muerte que
me acaba de llamar con una sonrisa.
Los domingos no volverán a ser los
mismos
con la ausencia de aquellas palomas
y los niños que corren tras su
inocencia,
ese lindo parque quedará solo
porque ese noviazgo terminó,
los tortolitos se casaron
no volverán más a esa banca
a observar la puesta del sol
y despedirse con un beso.
Tus lagrimas por fin se secaron
porque la herida a cicatrizado,
la pena a terminado pero por qué
diablos dejaste pasar 15 dulce años
de tu juventud no me hiciste caso
cuando te dije que me olvidaras,
que no valía la pena y que era una
mierda.
Ya llega la hora de partir
solo una esperanza tengo antes de irme
que se rían cuando he de morir
(RJLR)
(Escrita en el 2004)
jueves, 13 de octubre de 2016
Conociendo al poeta y rebelde
-Oye, he escuchado tu programa el sábado y muy bueno. Tocar lo
de ahora con lo de antes una buena idea-
Y seguía hablando, dando más verso. Verso que me llenaba. “Verdura”
que me alentaba.
-Ese especial de Hendrix de la putamare. Pero, ¿Sabías que el negro...?
Y más versos. Más flores
-Rómulo, tú sabes que a mí no me gusta el floro y no me
gusta venir con las manos vacías, por eso te he traído este LP, claro que no
creo que te guste, porque cuando este señor cantaba tú estabas en pañales…
Y seguía hablando y sonría hablando de ese músico y poeta. Yo comencé
a observar ese Long play, Era una producción de 1973. Dos títulos me llamaron
la atención Spanish is the loving tongue y Can't help falling in love, esta
cuando la escuche por primera vez me engancho Robert Allen Zimmerman y a ase álbum
titulado Dylan. Era finales de los 80’ y con los pasos de la semana y meses “descubría”
más de este poeta. No era fácil, conseguirlo.
… Te lo presto, pero lo cuidas huevón y sobre todo me lo
devuelves, el sábado por lo menos quiero escuchar dos canciones, tú escoge
veremos que tal tus gustos. Ahora me voy, porque tengo que hacer muchas cosas y
no me gustas estar floreando.
-Gracias Dante, el sábado lo pongo en la radio, en Tiempo de
Rock.
Pasaron muchos años, el LP, sigue esperando a Dante. Este ambiente de Navidad, el comercial de la Coca Cola y escuchar los sonidos de Can't help falling in love, algo así como “No puedo dejarme de enamorarme”, me ponen nostálgico.
(Escrita en diciembre del 2008)
viernes, 7 de octubre de 2016
Fábula de locos - Los de Siempre
ELLOS SON
COMO TODO LO IMPREVISTO
COMO TODOS
LOS RECUERDAN ASI SON
UNA IMAGEN
DEL ASOMBRO EN LA CONSTANTE
HUMORADA DE
LA VIDA Y LA ILUSION
YO LOS
SIENTO VOLVER EN LOS VIOLINES
CON LOS
INTIMOS FANTASMAS DEL AYER
Y ESE MUNDO
EXTRAVAGANTE CON QUE BURLAN
REALIDADES
QUE ES MEJOR NUNCA ENTENDER
INCANSABLES
PARROQUIANOS DE LA NOCHE
DE LLEGADA A
JUSTA HORA AL CAFETIN
CUANDO
ENFERMAN CON SU VAHO LAS NOSTALGIAS
EN EL HUMO
ATORMENTADO DEL ESPLIN
CUANDO
ENFERMAN CON SU VAHO LAS NOSTALGIAS
EN EL HUMO
ATORMENTADO DEL ESPLIN
YO LOS VEO
SONREIR, GOLPEAR LA MESA
Y DECIR A
MEDIA VOZ ¡ES LA OCASIÓN!
Y ARREGLAR
ENTUERTOS QUE NO TIENEN CURA
SI SOÑAR ES
UN SUICIDIO DE ILUSION
Y ARREGLAR
ENTUERTOS QUE NO TIENEN CURA
SI SOÑAR ES
UN SUICIDIO DE ILUSION
ACASO NO
COMPRENDAS PORQUE LES DIGO LOCOS, SON SERES QUE
VIVIERON,
QUE VIVEN PARA SIEMPRE; SON PAJAROS DE HUMO, DE LUNA, DE RECUERDOS; UN POQUITO
DE TODOS Y NUNCA DE ELLOS MISMOS. AHORA…AHORA TE LO EXPLICO Y ES FACIL DE
ENTENDER, SON UN POQUITO DE TODO, LO QUE NO PUDO SER.
ELLOS VIAJAN
COMO EXTRAÑOS EN LA LLUVIA
CON LO
PUESTO Y LO QUE AUN RESTA PARA VER
ELLOS SABEN
DEL ALCOHOL MAS QUE LAS COPAS
PORQUE HAY
COSAS QUE SE CALMAN AL BEBER
YO LOS
SIENTO VOLVER EN LOS VIOLINES
DEL INVIERNO
EN BUENOS AIRES, EN LA PIEL
EL ALIENTO
DEL TABACO Y EL PERFUME
DE ROXANA,
DE TERESA O DE RAQUEL
ESAS DULCES
COMPAÑERAS QUE UNO ENCUENTRA
CUANDO EL
VASO TIEMBLA AZUL DE AMANECER
Y ACOMPAÑAN
SOLEDADES Y DESEOS
CON EL ROUGE
DE ALGUNAS HORAS DE PLACER
Y ACOMPAÑAN
SOLEDADES Y DESEOS
CON EL ROUGE
DE ALGUNAS HORAS DE PLACER
FRONTÓN 1986
—Pucha, cuñao, yo estuve en la matanza de El Frontón en
1986. Hubo decenas de muertos, carajo, nos bombardeó la marina. Fue infernal. Ya
la gente sabía lo que se venía, nuestros familiares intuían el genocidio, pero
nadie podía hacer nada, igual que ahora, sólo nos quedaba prepararnos para
soportar el horror. En El Frontón los militantes estaban preparados para la
inmolación, tenían armas, habían construido barricadas y estaban listos para atrincherarse
en caso de ataque.
Era un secreto a voces la acción militar, sólo era cuestión
de días, yo estaba más asustado que la gramputa, tú no sabes, cuñao, lo que es enfrentar
a la muerte completamente indefenso. ¿Qué podían hacer los compañeros con unos
pocos revólveres frente a la artillería de la Marina? Era una locura. Una
semana antes, nos cortaron el aprovisionamiento de agua que siempre llegaba
desde el Callao y sólo nos servían una comida al día. Prohibieron las visitas
en las semanas previas, nos estaban aislando para desubicar a la familia. Todos
presentíamos lo peor, pues se realizaban extraños operativos. Estaban apostados
los barcos de guerra frente a la isla y los policías provocándonos a cada
momento, buscaban un pretexto para masacrarnos. Pero los compañeros no pisaban
el palito y se mantenían serenos. Esperábamos el ataque, pero jamás imaginé que
nos iban a bombardear. Te imaginas, cuñao, lo que significa ser bombardeado sin
poder moverte de tu barraca. Era una muerte segura, por eso murieron casi todos
los senderistas, sólo sobrevivimos 37 prisioneros, el gordo Aguirre había salido
libre un mes antes, se salvó por un pelo, sino ahí quedaba el hombre. Estaba
cantado todo, no dormíamos, cuñao. ¡Quién va a dormir sabiendo que los cachacos
están frente a su cabeza listos para cañonearlos! Primero fueron balas de fusilería
y respondimos con los revólveres que los familiares hicieron pasar de
contrabando a la isla maldita. Pensamos que la televisión llegaría a filmar y
denunciaría al país el brutal ataque y se controlaría la situación, pero la
cosa fue tan violenta que nadie pudo hacer nada. Antes del mediodía, los
cañones nos bombardearon. El pabellón se venía abajo como un muñeco de cartón,
mucha gente murió aplastada por los bloques de concreto, los demás corríamos de
un lado a otro sin hallar dónde cobijarnos del infernal bombardeo. Todos los
pisos habían sido derrumbados y nosotros, cuerpo a tierra, avanzábamos buscando
un hueco donde guarecernos, cuando vimos un grupo de guardias republicanos,
repasando a los caídos y disparando a diestra y siniestra. Hermano, casi se me para
el corazón por la impresión; pero Dios me iluminó cuando ya tenía a los
cachacos a pocos metros, alcancé a meterme en una tubería rota. Ahí, con los
excrementos y las ratas, tuve que esconderme, si no me mataban, cuñao. Así
estuve varias horas hasta qué en la tarde, con potentes altavoces, empezaron a
llamar a los sobrevivientes prometiendo que la presencia del fiscal garantizaba
nuestras vidas.
Desde mi escondite observé que unos muchachos salían de los
escombros y avanzaban hacia los militares, que los recibieron a patadas,
puñetes y culatazos. Asustado, no me animé a abandonar la covacha. Los cachacos
sacaban sobrevivientes peinando la zona, me encontrarían en cualquier momento,
yo no sabía qué hacer, eran cientos de soldados que revisaban la zona palmo a
palmo. No tenía salvación, cuñao, escuchaba cómo los perros se acercaban
olfateando todo y destrozando a los heridos con feroces dentelladas. El terror
me enloqueció, tú no sabes lo que es eso. Aquí, a pesar de todo, estamos
viviendo tranquilamente.
Cuando caía la tarde me descubrieron, cuñao, me hice el muerto,
me quedé inmóvil esperando que se alejaran, pero los perros desgraciados
hundieron los dientes en mis carnes y grité. Yo estaba herido de bala en las
piernas y los brazos, sangraba profusamente, los mastines casi me devoran,
cuñao. Un oficial ahuyentó a los perros y, a culatazos, me hizo levantar. Tuve
que caminar hacia el patio donde los muchachos eran brutalmente golpeados. No
había ningún fiscal, cuñao, sólo los milicos que se ensañaban con los
sobrevivientes. Nos arrojaron sobre el terral y ahí, desnudos, boca abajo,
inmovilizados, sin agua ni comida y patadas por los riñones nos tuvieron varios
días. Ahí mismo orinábamos y defecábamos sin movernos, pues nos mataban a
golpes si levantábamos la cabeza. Cuando llegó la noche, la golpiza continuaba,
yo seguía desangrándome y nadie se preocupaba de los heridos, escuchaba a mi
costado a un hombre quejándose hasta que a medianoche se sumió en el silencio.
El difunto estaba pegado a mi cuerpo y yo espantado, como no te imaginas,
cuñao. Los cachacos se emborrachaban a pocos metros de nuestra tragedia. Había
que seguir resistiendo, tal vez al día siguiente llegaría la prensa y entonces la
presión de la opinión pública podría ayudar a resolver nuestra horrenda situación.
El dolor y la abundante sangre perdida me tenía mareado, una sed atroz me
invadía, entonces un muchacho me dijo compañero tome sus orines, aquí nos van a
tener muchos días, y empecé a beber mi orina empozada en mis manos y mezclada
con tierra. Las pesadas botas de los soldados pisoteaban nuestros maltrechos y
desnudos cuerpos. Más allá, varios heridos graves seguían quejándose ante la
indiferencia de los ebrios verdugos. Estábamos condenados, nadie haría nada por
nosotros, teníamos que resistir o reventar, el presidiario no tiene valor para
nadie, hermano, y la noche avanzaba con el hedor de las heridas infectadas, los
cadáveres, el hambre y la sed. A ratos, un culatazo se estrellaba en mi nuca y
perdía el conocimiento durante algunos minutos. Luego volvía a la pesadilla y
escuchaba a los oficiales gritando que no tuvieran miramientos con nosotros por
traidores a la patria. Era ya de mañana cuando llegaron los altos jefes militares
a reconocer el terreno de la masacre y vi sus brillantes uniformes y ostentosas
condecoraciones exhibirse orgullosamente frente a nuestra miseria. Jamás contemplé
mayor indiferencia frente al ser humano que en aquellos momentos, un perro
tenía más valor que nosotros y no podíamos reclamar un mendrugo de pan porque
nos mataban a golpes. En la tarde, llegó el pomposo fiscal, pero igual, luego
de una rápida mirada se retiró, para él todo estaba en orden, a pesar que un
grupo de hombres desnudos, hambrientos, baleados, agonizaban totalmente
abandonados. La herida de la pierna me quemaba insoportablemente pero nadie se
ocupaba de los despojos humanos. Al tercer día pude comprobar que varios heridos
habían fallecido por falta de atención médica y yo pensaba, aterrorizado, en mi
destino si no me atendían a tiempo las heridas de las piernas y los brazos.
Corría el riesgo de contraer la terrible gangrena, estábamos echados sobre
nuestros excrementos, sin agua y sin comida. Recién al décimo día el gran despliegue
de la prensa logró que se alzaran voces de protesta en la opinión pública,
reclamando una investigación de los hechos, y nos arrojaron un nauseabundo
plato de frijoles que tuvimos que comerlos encima de los excrementos porque el
hambre nos torturaba espantosamente. Al décimo tercer día, a patadas nos
trasladaron a Lurigancho.
Casi muero, hermano, mira las huellas de las balas en mis
piernas, en mis brazos y este otro en el cuello. Fue espantoso, hermano, nueve balazos
me atravesaron y seguí viviendo. Fui absuelto luego de tres años de prisión,
cuñao. Ahora estoy aquí, sin tener nada que ver con estos terrucos de mierda, y
nos puede pasar cualquier cosa, compadre. Cuando salí de prisión, viví traumatizado
un largo tiempo. Estuve en tratamiento sicológico. Todas las noches despertaba
gritando, siempre me bombardeaban en mis sueños y los cachacos con sus metracas
me perseguían para matarme, y sentía el horror del bombardeo, el alarido de los
heridos, los gusanos despedazando la carne de los muertos, los pabellones
desplomándose, la metralla abrazándonos con un fuego como el del sol en el
juicio final, los demonios del apocalipsis galopando sobre nuestros cuerpos
esqueléticos. Despertaba sudoroso, gritando enloquecido. Quedé traumado, cuñao.
Han pasado seis años y ahora, de nuevo metido en la mierda.
Joel hablaba a borbotones, sentía una gran necesidad de
descargar sus tensiones; yo lo escuchaba desorbitado. Aquellas terribles
experiencias indudablemente podían enloquecer a un hombre. Pude comprender por
qué Joel padecía de insomnio, en la carceleta amanecía de pie aferrado a las
rejas, desollado de angustia. Joel había vivido cien vidas a cada cual más
horrorosa, yo sólo había ingresado al primer círculo del infierno. El compadre
había habitado ya el centro mismo del horror, sintiendo sobre su rostro el
nauseabundo hedor de la guadaña, y había vuelto a la vida. Ahora el cruel destino
lo traía de vuelta a las inciertas playas. ¡Qué extraños designios influían en
la vida de aquel prisionero! ¿En verdad era inocente?
Del Libro: Las Carceles del Emperador (Jorge Espinoza Sánchez)
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)





